
Sientes cómo tu cuerpo va perdiendo peso. Poco a poco no hay sensibilidad en el mismo. Algo está pasando. Es una presión inmensa en el pecho. Necesitas respirar y para lograrlo te desatas la corbata, te abres la camisa. Es inútil. Entre más buscas que el aire entre éste no lo hace. ¿Qué es lo que está pasando? Te preguntas lo anterior y sin embargo, no sabes qué hacer. No hay nadie en el edificio. Te encuentras solo.
Llega el momento en que no estás conciente de todo. Sólo observas un mundo de un color y tú caminando sin compañía por ahí. Todo es silencio. No le tomas importancia. Sigues contemplando tú alrededor.
Cierras los ojos. Al abrirlos ves un cuerpo en el suelo. No distingues quién es, es alguien familiar; estás seguro de eso. No sientes el tuyo. Observas cómo cambias de perspectiva sin sentir tus pies en el suelo. Cabello, espalda, piernas y pies conocidos. ¿Cómo será posible lo que estoy mirando? Vuelves a preguntar. Sigues estando solo.
Nuevamente tienes movimiento. Suave, delicado, tranquilo es tu danzar para buscar otra perspectiva. Miras y al fin reconoces quién es. La duda sigue presente. Al parecer sí existe el alma.
Contemplas tu cuerpo inerte.